miércoles, 3 de marzo de 2010

Cei Furie parte 1


La ira que siento incontrolable es, las cosas por algo han de pasar eso no hay duda. Sin embargo las personas se suelen meter donde no les importa estar.
La ira es muy grande pues como ser humano me he de incomodar, sentir cosas que no siento normalmente se vuelve excitante. No importa como sea o cómo fue que llego el sentimiento es verdaderamente fuerte y alentador, quizá malo pero alentador, la mente trabaja de una forma tan semejante a lo que denominan locura. Sin embargo algo malo hay de esto, pues no se diferencia de la malo y lo bueno; estos días pasados me he puesto a pensar pues por diversas razones todo ha cambiado a mí alrededor.
Las personas no siempre son lo que parecen ser, de pronto se han de convertir en seres desconocidos a nuestros ojos. Cada persona ha de tener un lado oscuro.
Este es mi caso ahora a mis 35 años de edad había sentido diversas veces lo que ahora siento, pero al parecer cada vez es mayor, no es bueno seguir fingiendo que nada paso y seguir guardando los sentimientos; pues tendrán algún día que salir.
De pronto en la penumbra de las calles transitadas por vagos y ladrones pasaba yo. Sin importar lo que pasaría si me encontrase con uno de esos tipos inmundos, pase junto de uno, tirado y recargado en una de las paredes de los viejos edificios abandonados estaba un hombre; para ser sincero no podría llamarlos de otra forma que no fuese escoria; tenía como vestido un pantalón roto y cubierto de mugre, una camisa tan sucia como el pantalón que llevaba puesto, cubierto de unos trapos que al parecer había encontrado en una de las casa cercanas en la basura, emanaba un hedor tan insoportable a mi olfato que casi era imposible soportarlo sin antes vomitar. Antes de pasar delante de él me detuve, con cierta sigiles que a menudo tienen los gatos avance hacia él, me detuve junto a él y lo mire con cierto desprecio, el fulgor en mis ojos denotaba un cierto instinto de odio. No lo sé con exactitud que paso pues solo imágenes a mi mente llegan de un sentimiento de gozo total.
Un sentimiento de liberación total corrió por mis venas, tan dulce mi sentir era que no pare hasta terminar lo que comencé, su sangre corría por mi rostro, mis manos empapadas por su preciado liquido, pareciese que cubiertos por unos hermosos guantes carmesí, sus gritos de dolor me daban una satisfacción tan grande, como haber logrado algo tan inigualablemente afamado; fui libre por unos instantes.
Sin darme cuenta por mi mente pasaban recuerdos y comentarios que me daban una rabia inmensa, sus gritos y sus intentos  por zafarse de mi, golpe tras golpe me liberaba como una paloma volando por el hermoso cielo azul, sus gritos eran como canticos tan llenos de dolor en mi corazón, de modo que seguí en una especie de frenesí indudablemente excitante.
No sé cuánto tiempo tomo, pero algo si se con exactitud libre fui y lo volvería a hacer.
Pasaron unas cuantas horas y llegue a mi casa, me bañe y con lujos dormí, al llegar el día muchas cosas se hablaban de un vagabundo al cual lo ataco un maniático, al parecer habían encontrado al hombre golpeado de una forma inhumana, todo su rostro deformado, y su corazón había sido sacado extraído de su pecho. Todo eso no lo podía creer quien había sido el maldito maniaco. Ese día no recordaba nada de lo sucedido pero de algo estaba feliz.

Gabrielle de Lafayette
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